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Navidad en la cárcel

por Stan Ehrlich

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  • soledad

    Gracias POR Su consejos es Una madrugada lluviosa lo acabo de leer mis lagrimas casi no me dejan leer se que dios tienen un proposito y q todos Los que estan encarcelados entre Ellos mi amado esposo sienten el amor y la misericordia de un dios quien es Su unico amigo y companero en ese Lugar Frio y solitario. Gracias POR escribirme

Este es el primer artículo de una serie de extractos de diferentes cartas escritas por Stan Ehrlich entre 1998 y 2004, año de su muerte, a hombres y mujeres encarcelados. Stan, de padre judío, fue un sobreviviente del holocausto nazi. Sin anteponerse a la gente que aconseja, él más bien los dirige con humildad, amor y cariño, al camino angosto y la vida nueva en Cristo.

Estos párrafos animan al lector para gozar la mejor navidad posible, son especialmente emotivos dado las circunstancias que originan su elaboración. ¡Que tengamos todos una feliz navidad!

Muchas gracias por su carta de Diciembre 3. Hoy ya es el 14, Y voy a aprovechar esta oportunidad para desearle ya que la celebración de la Navidad, sea cual fuera la forma que tomara en su institución, le traiga igual en su corazón la certidumbre de que el Señor nació no sólo 2000 años atrás, sino que nace cada día para nosotros, porque para Dios no hay ni ayer, ni hoy, ni mañana, sino un eterno ahora. Nació en un establo, sí, en un día determinado, pero sigue naciendo en nuestros corazones, siempre que se los abramos, igual como aquel chacarero le abrió su establo. Y, hablando de corazones y establos, me atrevo a decir que el mío se parece en mucho al establo... Así que, querido hermano, le deseo la paz y la dicha que nuestra fe puede darnos, también en circunstancias adversas, como las suyas.

Y esto me lleva directamente a aquel pasaje de su carta, en el cual expresa sus ansias por el sufrimiento e injusticias en el mundo, que comparto enteramente con usted. A pesar de ello, no creo que yo pueda ayudarle concretamente en sus propósitos tales como los describe en su carta, a no ser que esté esperando ser liberado pronto.

Pero si puedo decirle mi reacción inmediata a su deseo de servir. Cuando hablamos de servir, Dios quiere que sirvamos ahora, y sea donde fuera. Es una cosa que la mera experiencia me ha enseñado. Y personalmente, creo que en nuestra edad y época, y particularmente en este país, que tiene 2 millones de personas encarceladas, Dios necesita personas que no tanto enseñen, sino que representen su amor a sus vecinos. Estos vecinos — en su caso compañeros encarcelados — son gente necesitados de atención, de signos de amor, de gestos de hermandad, aunque tal vez no lo admitan, o siquiera ni lo sepan.

No pienses nunca que por estar en prisión esté malgastada tu vida.


Usted, querido hermano, me pide que le ayude. Vea que necesitados estamos ambos de ayuda. Es esta la situación en la cual se encuentran todos los creyentes: se necesitan unos a otros. Algún día tendrá que darme consejo usted. Hoy trato de hacerlo yo. Pero en realidad no es consejo mío. Es realmente Jesús él que nos pide que extendamos alrededor nuestro una atmósfera de amor y de paz. A mí me consta que con esto hacemos la obra del Señor.

No sé, estimado hermano, si usted se refiere al futuro o al presente. Yo estoy hablando del presente. Con «darle de comer a un niño, ayudar a curar a un enfermo» parecería que usted está refiriéndose al futuro. Y ya que estamos en esta, ¿cuándo termina su pena?

Estoy tratando de responder a su pedido, no de enseñarle nada que no supiese ya. Pero actuar como Jesús, hablar como habló Jesús es la mejor forma de servirle, y su vida tendrá una razón de ser y un propósito, una meta.

Ya faltará poco cuando ésta le llegará. Así que le deseo una bendita época de Navidad, y un año nuevo de paz y de la satisfacción de haber encontrado a Jesús para dar sentido a su vida.


Se nos va acercando la Navidad. No sé cómo la pasarán donde estás tú, pero de todo modo espero que Dios permita que les traiga algo de paz, algo de esperanza en el amor que Dios nos tiene, y algo de aliento a que nosotros podamos dar testimonio de la merced que nos tiene Dios por el amor que podamos mostrar a los otros.

Esto más que nada te lo deseo a ti. No pienses nunca que por estar en prisión esté malgastada tu vida. Cualquier vida está bien gastada si atestigua al amor de Dios, sea donde fuera. Claro que en tus circunstancias esto es mucho más difícil que en las mías, tanto más mérito es el tuyo.

¡No me lo tomes a mal si esto suena a prédica! Estoy convencido de lo que digo, a pesar de bien darme cuenta de que yo mismo fallo en lo que espero de los demás. Pero quiero que tú tengas la convicción y la fe que tu vida tiene todo el valor y todo el sentido a los ojos de Dios que le das tú mientras representas el amor de Dios hacia tus vecinos.


Sé que el mundo tiene miedo del presente y del futuro. Consigue tú mostrar tu fe en Dios y en sus promesas, y representarás su promesa de paz y de paz alrededor tuyo. Tu vida ya no será malgastada, sino un aporte al Reino de Dios.

Querido, es el acercarse de la Navidad que me da el valor de decir estas cosas. Pero si te fijas cuantas calamidades ocurren alrededor nuestro, comprenderás lo que mueve mi corazón y el corazón de mucha gente.

Así que me despido con mis mejores augurios que la Navidad te traiga su paz y su amor, y que el año venidero te encuentre en buena salud, en paz contigo mismo y con los demás, y que se cumplan tus deseos. También que la misma merced esté con los tuyos y con todos los que te son cercanos. ¡Que Dios te proteja!


Imagen: Alcatraz D Block cell. Fuente: Wikimedia Commons

a cell on the D block at Alcatraz with light shining through the bars of the door
Contribuido por Portrait of Stan Ehrlich Stan Ehrlich

Stan Ehrlich, un judío alemán-belga y sobreviviente del Holocausto, se convirtió a la fe cristiana a la edad de 34. Luego compartió sus pensamientos con un amplio círculo de amigos y parientes con quienes mantenía una correspondencia extensa.

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