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Puertas al Banquete – Parte III

por Jörg Zink

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Aun para las muchas personas que se han resignado a las dificultades de esta vida, rara vez se desarrolla un alegre justo medio entre el cielo y el infierno, sino más bien cerca del infierno, y muy lejos del cielo. El volverse hombre es pasar por el infierno. No obstante, para poder embarcarnos en ese viaje y afirmar su valor, el propósito de emprenderlo debe ser creíble. ¿Me necesita alguien de veras? ¿Seré realmente utilizado? ¿Qué tal el hecho de que un sinnúmero de gente de hoy, nunca son realmente utilizados o necesitados, sino meramente pertenecen a la muchedumbre anónima? La esperanza de nunca haber nacido (ya que yo no dejaría un espacio ni estaría extrañado si no estuviera aquí) amenaza peligrosamente cerca de muchos.

Pero, tampoco hay algo romántico sobre la historia de la Navidad. Si ofrece algo, es un trozo de un mundo brutal en el cual un niño nace en la calle, digamos, con casi nada respecto a derechos y seguridad, y ni siquiera un hogar. Aquel cuyo cumpleaños celebramos en la navidad  dijo, aun cuando era hombre, “Yo no tengo nada. En ninguna parte estoy en casa. Incluso durante la noche, no tengo dónde descansar ni acostarme.”


No sólo la vida en general, sino que nosotros mismos contribuimos a la oscuridad del mundo, así como sombras oscuras en un paisaje negro. Despertamos en nosotros escasísima confidencia. Pero ahora este hombre de Nazaret nos viene y nos invita a reflejar la imagen de Dios, y nos demuestra cómo. Él dice: tú también puedes ser luz, así como Dios es luz. Porque lo que está alrededor tuyo no es el infierno, sino un mundo esperando llenarse con fe y esperanza. Este mundo es tu hogar, tanto y seguramente como el Dios quien lo creó e hizo, es el Amor. Tal vez tú no lo crees, pero tú puedes amar este mundo. Es un lugar de Dios. Tiene un propósito. Su belleza no es engaño. En él, tú puedes llevar una vida con sentido.

Cuando percibimos estas verdades, veremos el mundo con nuevos ojos. A pesar de todo lo que vemos de día en día, se revelará como un lugar donde la paz es posible, aun por medio de nosotros. Nuestro camino atravesando la vida se volverá entonces, de un viaje sobre terreno extraño y oscuro, a uno que pasa por la luz que es Dios. Y nosotros mismos seremos hechos dignos de vivir en la luz. Cuando abrimos los ojos, lo veremos, y veremos el camino  a delante.


Todo lo que pasa en este mundo, pasa en conexión con lo invisible —el mundo del Espírito. Este mundo va más allá de todo; cruza todas las barreras. Es en esta gran esfera sin límites, donde se precipita tu camino. Entiende tanto de esto como puedas (tú nunca lo comprenderás totalmente) y entonces deja que se sienta alrededor tuyo, lo que tú has entendido. Porque una vez que hayas visto la luz de Dios, la paz puede morar en tu corazón y arraigarse en tu vida. Y aun si no lo puedes explicar, la paz entonces podrá irradiar de ti.

Otros pueden preguntar: ¿Cómo puedes estar seguro de llamar ‘buenos’ a esta vida y este mundo? No hay otra respuesta que la llegada de la bondad que desciende de Dios, que nos ofrece un patrón y un modelo para nuestras propias vidas. Cuando ves a otros atrapados en el embrollo de su propia pobreza, temor o aflicción, desciende a morar con ellos. De esta manera la imagen del Dios quien descendió, puede volverse su imagen, tanto como  la tuya—y el mundo se volverá un lugar más acogedor.

Traducido de Jörg Zink, Türen zum Fest. Verlag am Eschbach, 2010. Usado con permiso.

Vitrales por Valentin Feuerstein, 1917 – 1999. Copyright 2010 Verlag am Eschbach. Usados con permiso.

Parte I

Parte II

Parte IV

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