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Adviento y Navidad

por Carlos González

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De todos los sufrimientos, el más profundo es el aislamiento del alma, el distanciamiento entre dos personas, la desesperación que origina el pecado. En un alma dividida, la conciencia se angustia porque está apartada de Dios (Eberhard Arnold, diciembre 1918).

Es tiempo de Adviento, tiempo de recordar y orientar lo que fue la venida histórica de Cristo.

La Navidad no debe ser únicamente la celebración de un recuerdo hermoso, hay que mirar al futuro; al final de la historia. Hay que encontrar la fe. Este es precisamente el encuentro que tanto queremos y necesitamos: ¡el encuentro de la fe! La Navidad es un tiempo del año para encontrar fe y unidad con Él, quien nos trae paz y esperanza por un mundo nuevo.

“En cuanto a lo que ustedes ven, vienen días en que no quedará piedra sobre piedra. Todo será destruido” (Lc 21: 6, RVC). Las palabras apocalípticas de Jesucristo nada tienen que ver con la adivinación. Él busca apartarnos de la curiosidad superficial, resultado de las cosas visibles y pasajeras, para llevarnos por medio de la Palabra, a una dimensión que nos conduce al mundo invisible; al Reino de Dios.

“Presten atención y manténganse atentos, porque no saben cuándo llegará el momento.” (Mc 13: 33). Nosotros mismos preparamos y trazamos lo desagradable o positivo. De nosotros depende que muchas situaciones del futuro sean buenas o no. Por eso el Señor recomienda vigilar y orar, y estar activos construyendo la vida, con un corazón compasivo y una conciencia limpia.

“Por lo tanto, manténganse siempre atentos, y oren para que se les considere dignos de escapar de todo lo que habrá de suceder” (Lc 21: 36). Debemos discernir si lo que hacemos y pensamos nos hace permanecer en el Señor o nos aleja de Él. Nuestro ser tiene hábitos, anhelos y pensamientos. Hay que poner a prueba lo que pensamos, deseamos y hacemos para ver si son verdaderamente de Dios.

“De la misma manera, cuando ustedes vean que todo esto sucede, podrán saber que ya se acerca el reino de Dios” (Lc 21: 31). Pruebas y dificultades forman parte de este designio. Sin embargo, a pesar de los desórdenes y de los desastres que turban al mundo, la bondad y misericordia de Dios se cumplirá. La senda es estrecha y cuesta transitarla; pero Él nos guía: nos llama a buscar la autenticidad de la Palabra que nos da la seguridad, de que no se desfasa ni es temporal, sino constante. Porque siempre, hay que cuidarse del enemigo: nuestros prejuicios y debilidades.

“Habrá entonces señales en el sol, en la luna y en las estrellas” (Lc 21: 25). Este será el corazón de la “prueba final”, resultado de profanar la fe. Sin embargo, en ese momento final de calamidad: Él vendrá sobre este mundocon gran poder y majestad…
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