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Morning over the bay

El Señor realmente resucitó

por Nathan Hine

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Ya casi llegó la Pascua. Los huevos y conejitos de chocolate han aparecido en los estantes del supermercado. Una Semana Santa más se aproxima, ¿qué importancia puede tener esto en un mundo moderno que se ha olvidado de Dios?

Actualmente mi hogar está en Paraguay, un país en América del sur lleno de contrastes. Todos los días, mientras espero el cambio de luces para cruzar la calle, se pueden ver niños descalzos limpiando parabrisas y pidiendo monedas entre las filas de relucientes automóviles último modelo. Una pequeña minoría viven con temor rodeados con altos muros y guardias armados al frente de sus casas, mientras que la inmensa mayoría vive cada día la incertidumbre de poder comprar la próxima comida para sus hijos. El gobierno y las instituciones públicas están mutilados por la corrupción, de modo que la solución a la apremiante desigualdad social y los conflictos de cada día son cada vez más lejanos e inalcanzables.

Algo que hace todavía más preocupante la situación; son los intentos de una pequeña minoría con mucho poder de introducir educación sexual obligatoria en todas las escuelas del país. El marco rector del nuevo plan educativo es: enseñar a los niños desde la escuela primaria a elegir libremente su género, el rol ser hombre, mujer u otro tipo, y las relaciones homosexuales serán normalizadas.

Por fortuna, el amor y justicia suprema de Dios no nos abandona. Juan y Maria, un matrimonio joven con dos niños pequeños, han estado visitando con frecuentes un barrio pobre en una orilla de la ciudad, donde familias numerosas viven hacinados en jacales a la orilla del río. Esta pareja ha escuchado innumerables historias de abusos y han respondido con actos concretos de amor y mucha oración, además la gente del barrio escucha con ellos acerca de Jesús y prueban su amor en la práctica. Cambios notables están sucediendo; por ejemplo: un padre alcohólico ha dejado de beber y comenzó a atender a su familia, un joven varón marcado por los abusos de su infancia ha dejado la prostitución y comenzado una nueva vida de castidad y esperanza. Como Jesús lo promete, Juan y Maria evidencian que aún hoy los demonios pueden ser expulsados con oración y ayuno, y que el espíritu de Jesús tiene el poder de cambiar incluso la vida más depravada de una persona.

Pablo y Ana, hermanos de sangre, decidieron recientemente comenzar una pequeña Iglesia por su cuenta junto con otros jóvenes. A pesar de la inexperiencia y la fuerte oposición de los miembros de su antigua congregación, ellos están encontrando un nuevo significado e inspiración en las enseñanzas de los evangelios y las maneras de cómo ponerlo en práctica. Ellos están sirviendo comida a los pobres de su comunidad y compartiendo bienes materiales entre los miembros de su Iglesia. En vez de una forma religiosa estricta, ellos esperan alentar algo nuevo para seguir a Jesús.

Cristo triunfo sobre la muerte y Su Reino venidero no tiene fin. Esto es la Pascua. Como Christoph Blumhardt escribe:

Cuando oímos hablar de la resurrección de Jesucristo, nos debe agitar y sacudir a nosotros. "¿Qué? ¿Alguien ha resucitado de la muerte? ¿Quién es? ¡Eso no puede ser - si es verdad todo el mundo debe cambiar!"

Únicamente pueden ser llamados cristianos las personas que, bajo el impacto de la resurrección de Jesucristo y en nombre de Aquel que resucitó, piden por el mundo entero. Sólo ellos saben que en un corto tiempo Jesucristo será la única autoridad. El que se limita a aceptar que Cristo murió y resucitó, no es cristiano. Es simplemente un hombre con cierto punto de vista.

Un cristiano entonces, es un guerrero y luchador, es aquel que concluye que por la resurrección de Jesucristo el mundo estará bajo el poder de Dios. Sabe que, como cristiano, debe ayudar a alcanzar esta meta. Como la Iglesia de Cristo, debemos vivir en lucha constante para alcanzar el gran reinado de Jesucristo único rey.

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