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Morning over the bay

¿Cómo sirves a tu país?

por William Mow

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  • mariaines gonzalez moreno

    sirvo a mi pais siendo veedora de mi comunidad defendiendolos derechos humanosy poder tener un pais con igualdad de oportunidades convatiendo la corrupcion con el poder de DIOS

Cada día, miles de jóvenes de mi edad se arriesgan la vida sirviendo a la patria como soldados en el extranjero. Como cristiano, yo creo que la violencia no es manera eficaz de resolver problemas y que no puedo luchar con violencia contra otras personas. ¿Implica esto que no puedo servir a mi país? ¿No es mi deber hacer lo que puedo para ayudar a la nación de cuyos privilegios y libertad me gozo – o hasta doy por sentado? Después de vivir la mayor parte de mi vida en los EEUU, ¿cuál será la mejor manera de devolver lo que he recibido? Así como los soldados batallan para proteger la paz que tenemos aquí, ¿cómo puedo yo trabajar por la paz?

Creo que el sitio donde más fácilmente puedo servir es donde vivo – en mi pueblo, mi barrio, y mi casa. Si ayudo a mis vecinos haciendo cositas que parecen insignificantes – como cortar el césped y cuidar los jardines de mis vecinos viejitos – ¿no sirvo a mi país? Durante los últimos cinco años tuve el privilegio de asistir a mi vecino Allan. Era anciano que sufría por toda la vida de síntomas leves de parálisis cerebral. Además, le diagnosticaron con cáncer poco antes que yo lo conocí. Sufrió mucho. Yo nunca conocí a mis abuelos naturales, pero llegué a amarle tanto a Allan que lo consideraba mi abuelito. Le cortaba el césped y luego nos sentábamos y charlábamos o quizás mirábamos una partida de beisbol. Con el paso del tiempo, Allan me contó su historia detalle por detalle, su gracioso sentido de humor cambiando aún lo triste en algo chistoso. A finales de 2009, regresó el cáncer. Me siento privilegiado haberlo cuidado en sus últimos días, hasta quedándome la noche en su casa para ayudarle. Estas experiencias me conmovieron mucho y creo que de alguna manera yo prestaba un servicio a mi país y al mundo entero.

También puedo servir a mi país al ser buen administrador de sus riquezas. Hay tantas maneras de conservar los recursos, por ejemplo, viajar en coche sólo cuando sea necesario, apagar las luces cuando no las requiero, comprar productos locales, y minimizar el uso de productos desechables.

Además, puedo intentar de resolver conflictos cuando todavía sean pequeños, tanto en casa como afuera de ella. El espíritu del mal que incita la guerra existe en todos nuestros corazones. Al confrontar el egoísmo, la envida y el orgullo, ayudo a disminuir el poder de las fuerzas que empujan un país hacia la guerra. Así como una vela prendida en bosque oscura disminuye la oscuridad, la lucha contra el mal en nuestras vidas privadas ayuda a reducir el mal en la tierra. Esta batalla escondida promueve la paz y apoya a mi país, el mundo entero y, en última instancia, el Reino de Dios.

Servir a mi país implica también ser buen embajador cuando viajo al extranjero. Los nueve meses que pasé en el campo de Australia se me abrieron los ojos a la percepción de los EEUU que tienen ciudadanos de otras naciones. Un amigo la resumió: ‘Pues, ustedes Yanquis, piensan que son dueños del mundo.’ Esto me hizo pensar que como embajador, debo representar lo bueno de mi país, no por argumentar ni sermonear sino por mostrar compasión y generosidad. Como estadunidense, quiero demostrar interés en ellos y respetar su país y sus costumbres, así ayudando a mejorar la imagen que ellos tienen de los EEUU y sus ciudadanos.

Todo esto apoya a la nación donde vivo, aunque sea de manera indirecta y apenas percibida. Jesús nos manda servirle por servir al ‘más pequeño de mis hermanos.’ ¿No será servicio a mi país si sirvo a la gente que me rodea, si cuido los recursos naturales, si soy buen embajador y lidio contra los vicios en mi propia vida? Creo que cada persona puede servir a su país porque todos podemos servir a otros.

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