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children dancing at the Alm Bruderhof

Comunidad, fe y trabajo

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Celebrar el 60o aniversario del Bruderhof Woodcrest, la comunidad-iglesia detrás de Plough.

Todas las revoluciones, los movimientos idealistas y reformadores, nos convencen más y más de que hay una sola cosa capaz de vitalizar nuestra fe en el Bien, a saber, el irrefutable ejemplo práctico de un acto inspirado por la verdad, en el cual acción y palabra son idénticas en Dios. Tenemos un arma sola contra la depravación de nuestros días – es el arma del Espíritu manifiesta en la labor constructiva cumplida en un ambiente de compañerismo y amor. No creemos en un amor sentimental e inactivo; ni tampoco damos crédito a una dedicación al trabajo práctico que no da prueba diaria de una relación sincera entre los que trabajan codo a codo, es decir una relación nacida en el Espíritu. El amor al trabajo, al igual que las obras del amor, nacen del Espíritu.

Cuando hombres y mujeres se juntan voluntariamente para renunciar a todo egoísmo, aislamiento o privilegio, su alianza es señal de la unidad entre todos los seres humanos, unidad que encontramos en el amor de Dios y en el poder de su Reino venidero. La fuente del anhelo por este Reino de paz para todo el mundo es Dios; de Él emana el espíritu de solidaridad fraternal.

Trabajar en el Espíritu, y apreciar el Espíritu en el trabajo – he aquí la esencia misma del futuro orden de paz que nos trae Jesucristo. Sólo el trabajo rinde posible la vida en comunidad. El trabajo nos proporciona la satisfacción de obrar para el bien común, y de hacerlo junto con otros dedicados al mismo fin. Recordemos que aun cuando empeñados en las tareas más ordinarias, todo lo material y todo lo mundano debe ser consagrado al futuro de Dios.

No podemos sino vivir en comunidad, puesto que Dios requiere que respondamos a las vagas añoranzas de nuestro tiempo con la clara respuesta que da la fe.

Este artículo está extraído del libro Porque vivimos en comunidad.

Woodcrest
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Contribuido por Eberhard Arnold Eberhard Arnold

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