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Al contemplar las montañas me pregunto: «¿De dónde vendrá mi ayuda?» Mi ayuda vendrá del Señor, creador del cielo y de la tierra. Sal 121:1-2

Señor Dios, nuestro eterno refugio, bendícenos cuando nos reunimos y tornamos a tu presencia. Que seamos tus hijos, quienes sencillamente podamos creer y permanecer firmes en nuestras vidas y en nuestro llamamiento. Gracias por darnos tu gracia y ayuda constante. En tu gracia podemos alegrarnos, alabando y honrándote a ti. Tú eres nuestro Padre; nunca nos abandonas. Que tu nombre sea alabado por todos nosotros. Alabado en lo alto y en el mundo entero para que toda persona pueda reconocerte y recibir lo que de ti ellos necesitan. Amén.