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Pero no se alegren de que los espíritus los obedezcan, sino de que sus nombres ya están escritos en el cielo. Lc 10:20

Querido Padre que estás en el cielo, gracias de todo corazón por mostrar tu poder en nosotros y por derrotar tanta hostilidad que amenaza perjudicar nuestra vida. Gracias por las maravillas innumerables que haces por nosotros. Nos alegramos y damos gracias, sobre todo por permitirnos saber que tú admites nuestros nombres en el cielo; y dónde están nuestros nombres, estamos también nosotros. Donde nuestro Señor Jesucristo esté, ahí también queremos estar, y así de él vendrán nuestras palabras y acciones. Guárdanos fieles en esto, y permítenos servirte a ti con alegría en cada camino que recorremos. Amén.