Afirmaste la tierra desde el principio; tú mismo hiciste el cielo. Todo ello dejará de existir, pero tú permaneces firme. Todo ello se gastará, como la ropa; ¡tú lo cambiarás y quedará cambiado, como quien se cambia de ropa! Pero tú eres el mismo; tus años nunca terminarán. Sal 102:25-27

Señor, Dios nuestro, gracias por dejar brillar tu luz cada día de cada año. Gracias porque siempre podemos levantar nuestra mirada a ti, cuyo perfecto amor traerá verdadero orden a todo, incluso en tiempos difíciles. Dale a nuestro corazón la fuerza para ser fieles en esta época; fuerza para dar gloria a ti. Porque tú te quedas, pase lo que pase en la tierra. Tú eres nuestro Dios. Tú nos has enviado al Salvador y podemos acercarnos a ti. Tu promesa se mantiene firme para nosotros, la promesa de que llegará tu día lleno verdad y justicia, para honor a tu nombre. Muchas personas tornarán sus corazones a ti; que ellos te adoren y pidan ayuda sólo a ti, para gloria de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.