En cuanto a ti, hijito mío, serás llamado profeta del Dios altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos, para hacer saber a su pueblo que Dios les perdona sus pecados y les da la salvación. Porque nuestro Dios, en su gran misericordia, nos trae de lo alto el sol de un nuevo día, para dar luz a los que viven en la más profunda oscuridad, y dirigir nuestros pasos por el camino de la paz. Lc 1:76-79

Señor, Dios nuestro, te damos gracias por dejar resplandecer tu luz cada día y cada año. Gracias porque nosotros podemos mirarte siempre a ti, cuya destreza pondrá todo en orden e instaurará todas las cosas, incluso en tiempos difíciles. Que nuestros corazones reciban fuerza para perseverar y continuar alabando sólo a ti, ya que no importa lo que sucede en la tierra, tú permaneces. Tú eres nuestro Dios, tú nos has enviado al Salvador y así nosotros podemos acercarnos a ti. Tú nos has hecho la firme promesa que tu día llegará cuando verdad y justicia surjan sobre toda la tierra para gloria de tu nombre. Que los corazones de muchas personas tornen a ti adorando y pidiéndote ayuda, para la gloria de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.