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El pecador declarado no es el que se interpone en el camino de Dios. Los enemigos más grandes de Dios son aquellos que reciben y aceptan el llamado de Cristo al discipulado, pero —a pesar de su uso del lenguaje religioso— siguen sirviendo a Satanás. La mayoría de las parábolas de Jesús se refieren a esas personas, no a la gente del mundo. Las diez vírgenes en Mateo 25 salen a buscar al novio, pero cinco de ellas se duermen; y en Mateo 24:48-49 el siervo fue encargado por su señor, pero se vuelve infiel, y así sucesivamente. Eso es lo que más obstaculiza al reino de Dios: cuando aquellos que han escuchado y respondido a su llamado van a servir a Satanás, aunque todavía siguen usando palabras cristianas.

Fuente: Discipleship