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Hemos sido llamados a ser fructíferos – no exitosos, ni productivos, ni expertos. El éxito proviene de la fuerza, del estrés y del esfuerzo humano. Es cuando nos sabemos vulnerables, cuando admitimos nuestra propia debilidad, que damos frutos.

Fuente: Discurso público en Yale, el 30 de marzo de 1995