Sweetgum leaf

¿Quién puede describir la felicidad de un matrimonio contraído en presencia de la Iglesia y sellado con su bendición? ¡Qué yugo tan dulce es el que une a dos creyentes en una esperanza, una manera de vivir, una promesa de lealtad, y un servicio a Dios! Son hermano y hermana, ambos ocupados en el mismo servicio, sin ninguna separación de alma y cuerpo, sino como dos en una sola carne. Y donde hay una sola carne, también hay un solo espíritu. Juntos oran, juntos se arrodillan: uno enseña al otro, y uno es indulgente con el otro. Están unidos en la Iglesia de Dios, unidos en la mesa del Señor, unidos en la ansiedad, en la persecución y en la recuperación. Compiten en servir a su Señor. Cristo observa y escucha, y con gozo les manda su paz, porque en donde están reunidos dos en su nombre, allí está él en medio de ellos.

Fuente: Dios, sexo y matrimonio