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Nadie puede negar que la aspiración a la paz se encuentra arraigada en el corazón de gran parte de la humanidad. Precisamente ese es el deseo ardiente que impulsa a buscar todo tipo de medios a fin de alcanzar un futuro mejor para todos. Cada vez se afianza más la convicción de que es preciso combatir el mal de la guerra en su raíz, porque la paz no es únicamente ausencia de conflictos, sino un proceso dinámico y participativo a largo plazo, en el que se debe implicar a todos los estamentos sociales, desde la familia hasta la escuela, pasando por las diversas instituciones y organismos nacionales e internacionales. Juntos se puede y se debe construir una cultura de paz, que permita prevenir el recurso a las armas y cualquier forma de violencia. Por eso, hay que apoyar los gestos y los esfuerzos concretos de perdón y reconciliación; es preciso superar contiendas y divisiones, que de otra manera se perpetuarían sin perspectivas de solución.

Fuente: Jornada mundial del emigrante y refugiado