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Dicen muchos ignorantes y endebles: mira, qué buena vida se pasa esa persona, qué rico, qué poderoso y de elevada posición; pero presta atención a los regalos divinos y verás que todos esos bienes intranscendentes nada valen sino que son muy inestables, causan graves agobios y nunca se poseen sin preocupación y temor. No consiste la felicidad del ser humano en tener sobreabundancia de bienes materiales sino que es suficiente una vida moderada. Ya es bastante dificultoso vivir sobre la tierra. Mientras uno más desee espiritualizarse más amarga será para él la presente vida porque siente mejor y más claramente las faltas producidas por la corrupción de muchas personas. Porque comer, beber, estar despierto, dormir, descansar, trabajar y estar sometido a tantos condicionamientos por las necesidades de la naturaleza humana de verdad constituye gran limitación  y pesadumbre para quien sirve a Dios y quisiera sentirse desligado y libre de toda acción culpable.

Fuente: La imitación de Cristo