blueberry

Cuando evitamos un conflicto o abandonamos a quienes se vuelven motivos de molestia, perdemos la oportunidad de ser la comunidad que nos puede ayudar a cambiar. Alejarnos selectivamente de otros, al mantener nuestras opciones para relacionarnos siempre abiertas y flexibles, mantenemos la mentira de que el conflicto es un mal que debemos evitar. Sin embargo, al afrontar un conflicto aprendemos que el quebranto que existe en otras personas, ciertamente está en nosotros también, y que con Cristo se puede sanar el dolor que todos compartimos. Por supuesto que un conflicto en sí mismo no nos libera automáticamente. Hay que llegar a un entendimiento común y compromiso mutuo. El conflicto es como el fuego: nos puede purificar o destruir. El resultado depende de la seriedad con que tomemos las palabras de Jesús: «Primero vete y reconciliarte con tu hermano o hermana; entonces ven y entrega tu sacrificio en el altar.»

Fuente: The Blessings of Conflict