Almonds

Cuando yo cometo una falta que me pone triste, sé muy bien que esa tristeza es la consecuencia de mi debilidad. ¿Pero crees que me quedo en eso? ¡No, no soy tan tonta! Corro a decirle Dios: Dios mío, sé que he merecido este sentimiento de tristeza, pero déjame que te lo ofrezca igualmente como una prueba que me envías con amor. Lamento mi pecado, pero me alegro de poder ofrecerte este sufrimiento.

Fuente: últimas conversaciones