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No debemos pensar mucho sobre nuestros pequeños corazones o nuestro carácter débil. Nadie es puro y bueno excepto Jesús. El único con un carácter realmente sano es él; y, en su misericordia ilimitada, puede purificar nuestros corazones para su propósito. Entreguémonos a él, para que pueda guiarnos y usarnos como quiera. Demos la espalda a la tentación de Caín, quien envidió la intimidad de su hermano con Dios. Estemos gozosos simplemente por pertenecer a Jesús, y dispuestos a dejar que nos ponga donde podamos dar el mayor fruto para la gloria de Dios.

Fuente: Discipleship