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Cuando está Jesús presente, todo es conforme y nada parece difícil. Pero cuando Jesús no está todo se hace muy duro. Cuando Jesús no nos habla interiormente el consuelo es miserable. Pero si Jesús nos dice tan sólo una palabra sentimos enorme alegría. ¿Acaso María de Betania no se levantó de inmediato del lugar donde estaba llorando cuando su hermana Marta le dijo: «El Maestro está aquí, y te llama»? ¡Qué momento tan feliz cuando Jesús nos llama de las lágrimas al gozo espiritual! ¡Qué seco y duro eres sin Jesús! ¡Qué ignorante y vacío si anhelas algo fuera de Jesús! Dime ¿Acaso no te hace eso mayor daño que si perdieras todo el mundo?

Fuente: La imitación de Cristo