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Veo que aun en este mundo he estado exaltado por Dios de manera desmedida. No fui digno de esto ni una elección probable de aquel privilegio. Sé perfectamente bien que la pobreza y las dificultades me caen mejor que las riquezas y el placer. Cristo, el Señor, mismo fue pobre para ayudar a nosotros y yo conozco las dificultades extremas. Aun si lo quisiera, no tengo riqueza; ni me juzgo en este asunto porque cada día se me espero ser robado o asesinado o reducido a la esclavitud de una manera u otra. No es que temo estas cosas. Por motivo de sus promesas me dejo en las manos del Dios omnipotente quien rige por todas partes.

Fuente: La Confesión de San Patricio