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Aunque a menudo decimos que las crisis y épocas de sufrimiento edifican el carácter, lo evitamos siempre que podamos, y nos empeñamos en crear técnicas para compensar, minimizar o vencerlo. De hecho, gran parte de nuestra literatura seglar insinúa que la aceptación del dolor y del sufrimiento es un defecto psicológico. Pienso que no hay nada más lejos de la verdad. Cada uno de nosotros tiene, en última instancia, capacidad de decidir cómo responder al sufrimiento. El sufrimiento no es sólo una experiencia física sino un encuentro espiritual que las estimula a aprender nuevas maneras de responder, a pedir perdón, a volverse hacia Dios, a pensar como Jesucristo y regocijarse en que el sufrimiento haya efectuado buena obra en ellas. Es, finalmente, un estímulo a la acción.

Fuente: En busca de paz