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En mi experiencia, los cristianos – y no hablo de los tiempos de las catacumbas – tienen poca percepción de la realidad. ¿Hay entre ellos quien tenga la más mínima idea de la clase de potencia que tan despreocupados invocan? O, según sospecho, ¿es que ya nadie cree ni una sola palabra de ello? Las iglesias se parecen a niños que se pasan un domingo de mañana con sus juegos de química, manipulando trinitrotolueno (TNT) para matar el tiempo. Es una locura ponerse sombrero de paja y vestirse de terciopelo para ir a la iglesia, cuando todos deberíamos usar cascos protectores. Los acomodadores deberían distribuir salvavidas y luces de bengala, y amarrarnos a los bancos de la iglesia. Porque el Dios dormido podría despertar un día y sentirse ofendido, o el Dios despierto llevarnos hasta de donde jamás pudiésemos regresar.

Fuente: En busca de paz