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Cristo vino para salvarnos por medio de su sangre y su espíritu; sangre que lava nuestros pecados y espíritu que cambia nuestro corazón y da fuerza para vivir bien. No vino para salvarnos en nuestros pecados, sino para salvarnos de ellos. Vino para salvar a los pecadores y hacerlos justos. Cristo nunca murió para permitir a una persona pecar con impunidad: «Mis ovejas me siguen», y quienes siguen a Cristo caminan como Cristo, y eso no fue en el pecado.

Fuente: C. T. Studd: Cricketer & Pioneer