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Como el hombre paralizado del Mateo 9, todos nos aquejamos de algún tipo de sufrimiento o enfermedad. Además, la mayoría nos abrumamos de los pecados y fracasos. Por eso Santiago nos exhorta pedir a los ancianos de la iglesia que oren por nosotros, y que confesemos los pecados a otro. Con la confesión abrimos las rejas que nos confinan. Así encontramos la verdadera y eterna curación Pero antes que pase esto, debemos estar listos para que Cristo nos cambie. Tal vez por eso resistimos la confesión de aun el más pequeño pecado a cualquiera persona. La admisión de nuestros pecados a otro implica que estamos preparados para cambiar nuestra forma de ser y de vivir. Jesús prometió hacer nuevas todas las cosas, pero también dice «vete, y no vuelvas a pecar».

Fuente: ¿Quién necesita la confesión?