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Jesucristo no salva a todos los que le dicen: «Señor, Señor». Pero salva a los que, de corazón puro, dan un pedazo de pan a un hombre hambriento, sin siquiera pensar en él. Y ésos mismos, cuando él les da las gracias, responden: «Señor, ¿cuándo te dimos de comer?»…Un ateo o un «infiel» que es capaz de un puro acto de compasión, está tan cerca de Dios como lo estaría un cristiano, y lo conoce, aunque exprese su conocimiento en silencio o con palabras diferentes; porque «Dios es amor».