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Miren cómo Jesús trató a la mujer de samaria quien encontró junto al pozo, y miren cómo trató a Nicodemo. La mujer Samaritana vivía con un compañero y había tenido cinco compañeros antes, mientras Nicodemo era buen hombre, ampliamente respetado entre los judíos devotos como rabino y consejero. Jesús sabía todo esto pero él ofreció a la mujer agua viva y dijo a Nicodemo que tenía que nacer de nuevo. Nosotros lo habríamos hecho al contrario y ofrecido a Nicodemo agua viva y dicho a la mujer que debería nacer de nuevo. Juzgamos por la apariencia superficial pero Dios mira dentro del corazón. Sus ojos no son nuestros ojos y sus juicios no son nuestros juicios.

Fuente: Parábolas de un leprocomio