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Por supuesto, es natural apurarnos al Salvador a causa de nuestros problemas, especialmente si hemos agotados las demás soluciones. Pero, ¿quiénes de nosotros corremos al Salvador por causa del pecado? Eso nos debe humillar. Dios intentó desde el principio que aborrezcamos nuestro pecado, no nuestro dolor. Debemos anhelar entrar en un nuevo mundo, para estar librados del pesado manto del pecado que ahora nos envuelve. El Gran Médico lucha por nuestra fe, no solo por nuestra salud. ¿Entienden eso? Dios hace milagros entre nosotros para poder nacer de nuevo, no solo para el bien de algunos, sino de muchos. Los milagros son—y me tienta usar una expresión fuerte—hechos dolorosos para el Salvador. Porque si ellos nos hacen más felices en nuestra vida terrenal, no se ha ganado nada… Sanación exterior únicamente no nos ayuda —el amor de Dios alcanza a un nivel más profundo. 

Fuente: The God Who Heals