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Jamás encontré a nadie tan religioso y dispuesto que no padeciera de vez en cuando la ausencia de la gracia y no sintiera que disminuía su entusiasmo. Ningún santo fue elevado tan alto e iluminado sin antes o después haber tenido tentaciones. No merece participar de la sublime contemplación de Dios quien no se ha ejercitado en alguna tribulación por Dios. La tentación precedente es clara señal de la satisfacción que vendrá. A quienes pone a prueba la tentación les está prometido el consuelo del Cielo. «Al vencedor, le daré de comer la fruta del árbol de la Vida», dice el Señor.

Fuente: La imitación de Cristo