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Ante el apremio de tareas que sobrepasan nuestras fuerzas, tenemos que tornarnos hacia adentro y buscar la Fuente de toda fuerza. Nos desesperaremos si comparamos nuestras fuerzas humanas con el trabajo que tenemos por delante; fracasaremos si ponemos mano a la obra con tan pobres fuerzas…No hay lección más saludable que la de nuestras limitaciones, siempre y cuando renunciemos también a nuestras propias fuerzas y aprendamos a depender de la de Dios. Se destrozará la rueda de la vida a menos que sus rayos estén firmemente unidos al Centro. Corremos grave peligro cada vez que nos olvidamos de este principio, cada vez que nos precipitamos en alguna empresa sin detenernos para volvernos hacia dentro.

Fuente: En busca de paz