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Así como llegó a María, Jesús todavía llega a nosotros. Pero es posible no darnos cuenta por no estar alertas. Quizá por estar demasiado inmersos en el mundo material, torcidos por el peso de las cosas efímeras. Aun podríamos estar buscando a Jesús donde no se le puede encontrar: en edificios y libros, lugares y eventos sagrados, confesiones y credos. Jesús no está allí. No obstante, él va ante nosotros en nuestras varias «Galileas» para transformar esos lugares familiares donde nos sentimos seguros pero, a pesar de nuestros buenos esfuerzos, continuamos vacíos. Él penetra los muros detrás de los cuales nos escondemos para que podamos volver a creer. Él nos interrumpe en los caminos de la vida diaria, en medio de confusión y controversia, para abrir en nuestros corazones y mentes el Reino de Dios. 

Fuente: Found