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Qué consuelo es saber que el más alto, quien ascendió desde la cruz hasta el trono de Dios, está lo más cerca de quienes de nosotros que ya hemos perdido la esperanza de consuelo. No somos demasiado pequeños, débiles, o pecaminosos para él. Él es nuestro hermano que nos ama. Y cuando tal hermano nos gobierna, ¿quién puede seguir en la desesperación? Si lo creemos, tendremos el resucitado con nosotros con todo su amor, su misericordia y su poder.

Fuente: Lágrimas de la Pascua