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Recuerda siempre que no puedes ser juez de nadie, ya que, antes de juzgar a un criminal, el juez debe tener presente que él es tan criminal como el acusado, y tal vez más culpable de su crimen que todos. Cuando haya comprendido esto, podrá ser juez: es una gran verdad, por asurdo que parezca. Pues si yo soy un hombre justo, nadie será un criminal ante mi. Si puedes cargar con el crimen del acusado al que juzgas, hazlo inmediatamente, sufre por él y déjalo marcharse sin hacerle ningún reporche. Incluso si eres juez de profesión, haz todo lo posible por desempeñar tu cargo con este criterio, pues, una vez que se haya marchado, el culpable se condenará a sí mismo más severamente que podría hacerlo ningún tribunal de justicia. Si se va sin que tu conducta le haya producido efecto y burlándose de ti, no te desanimes: ese hombre obra así porque todavía no ha llegado para él el momento de la revelación; pero ya llegará. En el caso contrario, el acusado comprenderá, sufrirá, se condenará a si mismo: se le habrá revelado la verdad. Cree en esto firmemente: es la base de la esperanza y de la fe do los santos.

Fuente: Los hermanos Karamazov