child holding paper dolls of a family

El Niño Especial

Johann Christoph Arnold

Publicado viernes, 01 de junio de 2012

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Fue mi mano la que hizo todas estas cosas; fue así como llegaron a existir – afirma el Señor. – Isaías 66:2

Jesús dice que si alguien quiere seguirlo, primero tiene que negarse a sí mismo y tomar su cruz (Mr 8:34). Estas palabras no fueron dirigidas únicamente a la gente de su tiempo, sino también a la gente de hoy. Cada persona que desea seguir a Cristo debe anhelar cargar con el peso puesto por Dios sobre nosotros.

Debido a que la cruz que carga cada persona es diferente, tendemos a mirar a los demás y comparar nuestra suerte con la de otros. Observamos lo atlético – guapo, elocuente o talentosa – qué es la otra persona, y hasta nos preguntamos si no carga en absoluto alguna cruz. La envidia nos causa insatisfacción.

Evidentemente, cada hombre, mujer y niño carga algún peso. Al apóstol Pablo le fue "clavada una espina es su cuerpo" y le rogó a Dios que se la quitara, pero Dios le respondió: "Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad" (2 Cor 12:9). Si aceptamos esta gracia, vamos a ser capaces de soportar la carga más pesada. Por extraño que parezca, puede inclusive convertirse en una bendición.

Hoy en día, con la disponibilidad de sofisticadas pruebas prenatales, a menudo se descubren anormalidades en el feto al principio del embarazo, y esto en ocasiones puede llevar a una terapia o a una cirugía intrauterina para salvarle la vida. Sin embargo, quizá en la mayoría de los casos, los médicos aconsejan un aborto lo antes posible. Argumentando que es para el mejor provecho de ambos niño y padres, e insinúan que el permitir traer ese niño al mundo no sólo es injusto; sino irresponsable, porque será una carga para la sociedad.

Sin embargo, el aborto es siempre erróneo. Dios tiene un propósito específico para cada persona, para cada pequeño ser que es concebido. No importa qué tan corta sea su vida, o qué tan difícil, cada bebe nuevo trae por cierto un mensaje de Dios. Ninguno de nosotros puede presumir saber con exactitud cuál es este mensaje. No obstante, el mensaje está ahí, sólo basta abrir nuestros corazones a este.

Mi esposa y yo fuimos recordados de esta verdad cuando una de nuestras hijas dio a luz a su quinto hijo en año 2008. Stephanie nació con trisomía 13 – una condición que no tiene curación – su carita se vio afectada por un paladar hendido. Y aunque ella sólo vivió un mes, pronto creció amor entre nosotros y vimos en ella una hermosura más allá de la belleza física: irradiaba una profunda paz de Dios a todos aquellos alrededor de su cuna. Cuando ella murió, lloramos y lloramos; aunque todos sabíamos que ella no iba a vivir, ella fue como un ángel en medio de nosotros, y nos trajo un mensaje del cielo que supera las palabras.

Desde luego que descubrir una discapacidad en un niño recién nacido puede desestabilizar profundamente. A menudo los padres se culpan a sí mismos o se preguntan qué hicieron para merecer tal castigo. Y aunque tales pensamientos pueden parecer muy naturales, no debemos dejar espacio para ellos. En vez de esto, debemos tratar de ver la situación desde una perspectiva más profunda – como la bendición que nos puede llevar más cerca con Dios y uno al otro.

Cuando Jesús y sus discípulos conocieron a un hombre que era ciego de nacimiento, sus discípulos le preguntaron: " —Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? —Ni él pecó, ni sus padres —respondió Jesús—, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida" (Jn 9:1-3). Este fue sin duda el caso de Stephanie. Sus anomalías vinieron a nosotros como una revelación del poder y obra de Dios. El reto para nosotros es poder o no aceptar tales revelaciones, y darles o no la bienvenida. Muchos padres de niños con discapacidad no lo ven como un regalo. Frecuentemente, son impacientes, intolerantes o bien, sobreprotectores. Para ellos, un hijo discapacitado lastima el orgullo de la familia. Ellos consideran al niño una decepción y se sienten deshonrados y avergonzados. Los vecinos, familiares y amigos suelen agravar esta situación con comentarios insensibles; como hacen los médicos y terapeutas cuando sugieren trasladar al niño a una institución.

¡Qué distinto sería todo si pudiéramos ver a los niños discapacitados como un regalo, y no como una carga! Cuando nuestros amigos dieron a luz a una niña con síndrome de Down en 1967, se regocijaron – y nosotros con ellos. Luisa tenía un defecto cardíaco serio; sin embargo, vivió sus 29 años al máximo. Irradiaba alegría y entusiasmo a donde ella fuese, conmovió a muchas personas sofisticadas y conservadoras por su manera franca de ser y su risa contagiosa. Aun cuando ella estaba muriendo, le dijo a sus amigos y familiares —"¡Estoy pensando en la Vida!".

En la actualidad niños como ella no son queridos. Es cierto que en apariencia traer un niño discapacitado puede parecer mucho más de lo que una familia es capaz de confrontar. Incluso los padres más fuertes en ocasiones necesitan apoyo, y nunca deben sentir culpa de buscar o aceptar ayuda. Nosotros que no tenemos la responsabilidad de tal niño, deberíamos ofrecer dentro de nuestras posibilidades apoyo práctico; por ejemplo, invitando al niño a nuestro hogar por una noche o un fin de semana para que los padres descansen y encuentren nuevos bríos.

Dadas sus necesidades particulares, es fácil entender por qué a menudo estos niños son tratados de manera diferente a los demás. Con mucha frecuencia, los padres conceden sus caprichos, y los malcrían. Por lo tanto, consentir a estos niños es un gran error, ya que limita su futuro – su desarrollo físico y mental, y su independencia emocional.

Todos los niños necesitan el calor del afecto físico, y los niños con discapacidad lo necesitan quizás aún más que otros. Sin embargo, no se les debe consentir con muchos abrazos, besos, o golosinas. Se les debe más bien alentar a usar sus habilidades al máximo, y tratarlos con la mayor normalidad posible. Esto no significa presionarlos para llevar a cabo o asumir responsabilidades más allá de sus capacidades. En cualquier caso es increíble lo que una firme confianza puede lograr. Como pastor, he visto una y otra vez cómo un enfoque optimista puede ayudar al niño más incapacitado a lograr movilidad, independencia y autoestima.

Es tentador preguntarse por qué una persona nace con alguna discapacidad mental o física, mientras que la siguiente es perfectamente sana. No obstante, debemos confiar que todo lo que sucede en la vida, ya sea bueno o difícil, tiene un propósito. Debemos creer que Dios puede convertir cualquier aflicción en una bendición si aceptamos con humildad lo que Él nos envía. Cristo viene a nosotros en la forma de un extraño, un mendigo, y un ángel. ¿Por qué no también habrá de venir en la forma de un niño discapacitado?

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Comentarios

tengo una hija con sindrome de Dauug y no es aceptada x mi flia y soy sola con ella el que la maltrata es mi cuñado y mi hermana no se impone y eso me causa mucho dolor carolina tiene 17 años y 6 meses no es chica x eso el maltrato es lo que mas me duele. me gusto esta publicacion xq la voy a compartir para que mi familia la vea. gracias y un bso gde.