Proclamación al Arrepentimiento
Una llamada para todas las iglesias en los Estados Unidos
Doc Mishler
8 de marzo de 2010
En vista de no poder seguir fieles a Jesús mientras matamos en guerra, todos que se atrevan a proclamar que Jesús es el Señor, invitan a todas las iglesias estadunidenses a unirse y arrepentirse el 19 de marzo, séptimo aniversario de la guerra en Iraq.
En esta época de la Cuaresma debemos lamentar y arrepentirnos de nuestros pecados—que son todas las cosas contrarias a la voluntad de Dios. Entonces, ¿cómo podemos continuar apoyando a la guerra en curso en el Oriente Medio, librada por nuestro país, financiada por nuestros impuestos, y luchada por nuestros hermanos y hermanas?
Después de siete años, todos lamentamos del sufrimiento y la violencia en Iraq que comenzó en Afganistán. Estamos de luto por los más de 4.000 americanos que han perdido sus vidas, los 50.000-70.000 heridos en cuerpo y mente, y el número desconocido (estimado ser más que un millón) de los iraquíes y de los afganos que se han sido matados. Ahora hay más que 740.000 viudas de guerra. ¿Cuántos más heridos en cuerpo y mente habrá?
Los esfuerzos militares reanudados en Afganistán solamente continúan la matanza de civiles. “Los gritos de la guerra nos deben conmocionar” escribió Eberhard Arnold. En vez de eso, tantos cristianos respondemos casualmente, “Sale-vale, ¿qué hay para la cena?” Debemos indignarnos sobre cuán autocomplacientes nos hemos vuelto mientras continuamos violando la imagen de Dios en nuestros prójimos.
Afirmaciones recientes por los EEUU de aumentos modestos en la seguridad en Iraq y Afganistán no justifican prolongar y extender la ocupación de estos países. Ésta verdad es evidente considerando los años de ocupación en Iraq que no han producido la reconciliación política necesaria para verdadera seguridad y estabilidad. La ocupación de Iraq y la historia de Afganistán demuestran que fuerza militar no soluciona a nada. Cuando respondemos al mal con el mal, gana el reinado de terror.
La naturaleza del mal se halla en nuestra cooperación con ella. ¡Y el silencio es la forma más peligrosa de la cooperación! Martin Luther King Jr. dijo: “Nuestras vidas espirituales comienzan a terminar el día en que nos volvamos silenciosos sobre lo que realmente importa.” Por lo tanto, en este aniversario, podemos comenzar a testificar a lo que creemos por unirnos en arrepentimiento por las acciones de nuestro país en el Oriente Medio.
En una sociedad libre, algunos son culpables, todos son responsables. Dios ve a cada soldado, incluso a él que, sentado en California, empuje un botón para lanzar bombas de los mortíferos aviones teledirigidos. Pero todos somos responsables por las muertes inocentes. La “guerra contra el terrorismo” de nuestro país se financia en la última instancia por nuestros dólares que aportamos por los impuestos. Mil millones de dólares ganados por el sudor de nuestras frentes alimenta una guerra insensata contra un enemigo que no es vencible por armas: el espíritu del odio y del miedo. Todo esto sucede mientras que se dispara nuestra deuda nacional y millones de niños, en el país y en el extranjero, mueren de hambre innecesariamente. Esto es una tragedia que nos debe impeler al arrepentimiento.
Pero arrepentirse significa más que lamentarnos de nuestros errores. Exige una un cambio radical, una nueva dirección, una transformación. Necesitamos una profunda revolución espiritual. Y esto sólo puede suceder si comenzamos a cambiar juntos y dejamos de conformarnos con la política de intimidación y guerra que propugna nuestro gobierno. El miedo tergiversa el juicio y debilita los nervios. Debemos sobrepasar la política del contraterrorismo y seguir el camino de Jesús, el camino de amor no-violente. “El amor perfecto echa fuera el temor.” ¿La iglesia cree esto, o no?
Para las iglesias estadunidenses, no hay mejor momento que ahora para actuar, en el séptimo aniversario de la ocupación de Iraq -del púlpito y del banco-en solidaridad unida. La unidad es la voluntad absoluta de Dios.
La responsabilidad de la iglesia es atestiguar en palabra y hecho que no se deben distorsionar por una iota el ejemplo y las palabras de Jesús. Que todos que llamen a Jesús “Señor” sepan que la guerra en Iraq y Afganistán terminará cuando un número suficiente de nosotros, incluso de nuestros soldados, rehúsa a obedecer los decretos del hombre. ¡Debemos obedecer solamente a Jesús! Conceder abúlicamente a muda tranquilidad y la inevitabilidad aparente del statu quo nos rinde apáticos e incapaces de actuar de acuerdo con la Vida a la que Jesús nos ha llamado.
El arrepentimiento nos llevará en camino diferente. En vez de malgastar mil millones de dólares en bombas, podremos concentrar nuestras energías en las iniciativas que siembran paz y buena voluntad en el mundo. Las iglesias del EEUU pueden, por ejemplo, trabajar con el ONU bajo los auspicios del programa Internacional McGovern-Dole de Alimentos para la Educación y Nutrición Infantil. La iglesia necesita dedicar sus energías a las cosas que hacen posible la paz, no la guerra.
Al fin y al cabo, ¿qué sirven todas nuestras prácticas religiosas si la voluntad de Dios no se hace y nuestras manos quedan empapadas en sangre? Dejemos de negar la grandeza de Dios. Nuestro convenio es con Jesús, no con cualquier estado nación. ¡Sólo Cristo es Señor! Al final del día la iglesia es responsable ante El.
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